La ley del fútbol castiga al Barça


Falló nueve ocasiones claras de gol y pagó tanto perdón con un gol de Drogba en el descuento de la primera mitad. El Barça pidió un penalti a Iniesta. Decidirá el Camp Nou.

“Quien perdona lo paga” no es una amenaza. En el fútbol, mil veces vimos que es una realidad. Una ley dolorosa que complica al Barça, castiga su nueva exhibición ofensiva y da alas a un Chelsea que nada tiene que ver con aquel que cinceló Mourinho. Es, como antes, un adversario tallado en piedra que se mantiene con vida en la eliminatoria por el ímpetu de una bestia apellidada Drogba. Pero ahora, sea mérito o no, ha multiplicado por mil los conceptos defensivos del que fue su guía. Dejar al Barça a cero, aunque sea de milagro, es para destacar, aunque le convendría no repetir plan en el Camp Nou porque su suerte podría estar agotada. Las oportunidades que tuvo el ofensivo equipo de Guardiola no cabrán en los resúmenes. Tuvo muchas, buenas y espectaculares, pero la delantera liderada por Messi se secó el día más inoportuno. Lo pagó. Habrá que ver si lo pagará.

La primera media hora sirvió para ver la versión más conmovedora del Barça. Aunque el resto tampoco estuvo mal. El equipo blaugrana comenzó a ametrallar en el 9′ con Alexis y terminó de inquietar con un balón al palo de Pedro en el 93′. Su juego fue el idóneo. El de casi siempre. El de la era Guardiola. Ése en el que su posesión es insultante y en el que se vale de ella para demostrar la mejor de sus virtudes: la de tocar sin ruborizarse hasta crear huecos al mismo tiempo que vela por no perder el control en las zonas donde se generan las contras rivales más fieras. Pudo irse de Londres con la eliminatoria sentenciada pero pecó donde no suele: en la definición.

Alexis, Cesc y Messi silenciaron Stamford Bridge en el primer tiempo con varias ocasiones que reflejaban una superioridad aplastante. Hasta que Drogba resucitó al Chelsea, a su gente y al madridismo militante, que también animaba, con un gol en el 47′ que no esperaba n el más optimista de los ingleses. Un 1-0 tan meritorio como inmerecido que nació en una pérdida de Messi en medio campo y que fue desnudando a la defensa culé desde su lateral derecho hasta el flanco opuesto.

Guardiola empezó esa primera mitad asombrado por la enésima gran respuesta de su equipo en una cita crucial Y acabó maldiciendo. Él, como todos, recordaba a esas alturas el ramillete de disparos al limbo que en Europa se pagan. En Champions todo son clásicos, derbis y partidos a tumba abierta. Alexis desperdició el primero. Y el mejor. Luego tuvo otro. Más difícil e igual de decisivo. El chileno empotró contra el larguero una vaselina sutil a Cech a la que le sobró un centímetro de altura. Después, Cesc tuvo hasta tres oportunidades de saldar cuentas en territorio comanche. Y Messi cabeceó la suya con colocación y sin potencia.

El Barça debió golear. Pero ya era evidente que no iba a ser su noche, por mucho que el balón fuera suyo y arrinconara a Mata de lateral. Todo pintaba bien y de pronto, todo estaba en contra. Mereció salir a hombros y, sin embargo, deberá remontar. Hasta el tiempo y el colegiado se situaron enfrente. Uno complicó la hierba para los restos y el otro decidió no dar un penalti “así, así” de Cahill a Iniesta tras un regate de museo.

La reanudación fue más de lo mismo. Con el mismo dueño, idéntico tapón y las ocasiones del Barça como única novedad. Aunque, eso sí, el liderazgo fue mayormente en zona de nadie por el cerrojazo blue. Los avisos a Cech fueron más intermitentes. Adriano tuvo una estupenda con un latigazo desde la frontal y Alexis volvió a tener otra de las que pocas veces más disfrutará. El pase picado de Cesc merecía el empate pero el ariete lo convirtió en otra pifia.

El Chelsea no daba abasto. Su centro del campo intentó multiplicarse para tapar líneas, así que cuando su físico comenzó a menguar, tiró de banquillo. Con Mata sustituido, el correoso plan de Di Matteo era elevado al cubo. Defensa a ultranza y contra relámpago. De ahí que Guardiola, aún con el resultado empinado, no pusiera tres defensas. Pep tuvo que echar mano de Pedro y Thiago en busca de acierto de cara a portería. Lo demás no se podía mejorar. Y también fracasó. No era cuestión de nombres. Puede que del destino. Estaba escrito que el Chelsea merecía resarcirse del Iniestazo del 2009. Por eso, quizás, Pedro remató a la madera en el mismo minuto que el manchego cambió el rumbo del Barça hace tres años. Lo mejor es que hay vuelta y, por tanto, esperanza.


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