Josefina Vázquez Mota, su hoja de vida: estudiante dedicada


En su adolescencia, la panista organizaba equipos de trabajo; llevaba a su casa grupos de entre diez y 15 jóvenes para estudiar

Ivonne Melgar

CIUDAD DE MÉXICO, 1 de mayo.- Elegida siempre por sus compañeros como jefa de grupo, Josefina viajó a Oaxtepec en el cierre de cada uno de los tres años de la secundaria. De ese modo, la escuela pública 108 Bertrand Russell premiaba a sus mejores alumnos; ella lo era en las calificaciones, en las ceremonias cívicas y en la obediencia a los mayores.

Uriel Tirado, quien como jefe de grupo acudía a las juntas en la dirección de todos los estudiantes elegidos por votación en sus salones, la recuerda formal, responsable y dedicada con sus tareas. “Tenía facilidad de palabra, elocuencia, buenas ideas y en las reuniones participaba mucho. Causaba una excelente impresión. Pero era la más seria de todos. Y eso era muy contrastante”, cuenta el ahora ingeniero del Instituto Mexicano del Petróleo.

Desde que su padre, don Arnulfo Vázquez rechazó firmarle la boleta con un ocho de promedio, se prometió evitar ese mal momento.

Era la encargada de pasar lista en la clase de Literatura de la maestra Judith y una de las pocas niñas del taller de electricidad, donde logró armar un radio. Los deportes no eran su fuerte. Intentó tocar la mandolina, “pero nunca se me dio”, confiesa.

Sabía, eso sí, y mucho le importaba, cultivar a su grupo de amigos, grande y mayoritariamente integrado por hijos de trabajadores de Pemex. Uno de sus más cercanos fue Gilberto, taquero en la colonia, la San Antonio, conocida también como Ampliación Petrolera.

“Ahí aprendí que si al principio construyes una buena relación y percepción, todo es más fácil, ya que suele haber mayor comprensión”, cuenta la candidata. Entonces conoció el duelo, cuando falleció uno de sus amigos más cercanos.

Describe la imagen cotidiana de aquellos años (de 1973 a 1975). “Caminaba de ida y de regreso a la escuela, siempre andaba con mi palomilla”.

Gerardo Vázquez Mota recrea esa etapa como el tiempo en que su hermana pasaba por él a la primaria para juntos recoger en sus oficinas a don Arnulfo, quien ya tenía su negocio de pinturas. Dedicado a ese giro comercial, el menor de los seis hermanos de Josefina recuerda: “Ella cargaba mi mochila. Y para consentirme me compraba un chicharrón. Era muy alegre, muy estudiosa y muy amiguera”.

Su padre había detectado otra capacidad, la de adaptación pues, por cuestiones del negocio, la familia vivió dos años en Chihuahua, donde Josefina terminó su primaria. “Como el aprendizaje en provincia es de más exigencia, decíamos: ‘le van a hacer el examen y seguro la bajan de grupo’. Pero le fue muy bien. También salió con primer lugar ahí”, destaca don Arnulfo, de 79 años de edad.

Con ese antecedente y por su alto desempeño escolar, don Arnulfo decidió inscribirla en una preparatoria privada de renombre y optó por una de niñas, ubicada en la Roma. La familia se había mudado a la colonia Florida. Fue la primera vez que Josefina, la hija siempre obediente, se rebeló. Tenía 14 años. Y lo hizo sin margen de rectificación.

“Nos fuimos de vacaciones y según esto ella debería estar estudiando. Pero no, nos habló José Antonio, el hijo mayor, para decirnos que a ella no le había gustado mucho la escuela y que se había cambiado. ‘¿Cómo que se cambió, si ya se pagaron inscripciones y todo lo demás?’”, reseña el padre.

“Su hermano estaba en la vocacional Juan de Dios Bátiz, la llevó y a ella le gustó y ahí  continuó su formación, en el Politécnico”. Su mamá, doña Josefina Mota, piensa que como “ella estaba acostumbrada a tratar con niñas y niños, tal vez pensó que no iba a estar a gusto, porque siempre ha sido de muchos compañeros. Me decía ‘Vienen dos o tres a estudiar’, y llegaban diez o 15”.

Pronto, relata Maricarmen, la hermana mayor, la candidata proyecta su liderazgo en la escuela: “Organiza equipos de trabajo, los dirige y trae a la casa a muchos jóvenes”.

Lourdes López, su mejor amiga de esa época, relata: “Acabamos ayudados por Josefina. Nos empezó a jalar, a no dejar a nadie atrás, cuando alguien tenía problemas, y  todos nos sentábamos a estudiar, ella nos explicaba, era nuestra maestra”.

Con carreras técnicas en el área de físico matemáticas, la vocacional, a unos pasos de la estación del Metro Popotla, era la única escuela pública que formaba programadores en computación.

“Nos tocó estrenar plantel y equipos de cuarta generación, manejábamos el Cobol administrativo y el Fortran científico. Egresabas como programador y al mismo tiempo matabas el bachillerato. Nos sentíamos tarjeta perforada”, rememora Rafael Solís, uno de los inseparables del grupo de la candidata entre 1975 y 1978.

“Primero el estudio en el jardín y terminando, el relajo, oír música, bailar. Ella era insistente en eso. Decía: ‘Espérense, porque no está entendiendo fulanito, vamos a repasar otra vez’. Y su mami haciéndonos sándwiches.”

Eran los años de los pantalones acampanados y a la cadera, de la música boom, de Fiebre del Sábado por la Noche, John Travolta, Gloria Gaynor, Donna Summer y Los Ángeles Negros, incluidos en el repertorio de una generación que casi nunca hablaba de política, ni en la escuela ni en casa.

Sus compañeros recuerdan que Josefina se hizo alfabetizadora en la zona marginal aledaña a la Vocacional, cerca de las vías del tren, donde la gente vivía en vagones abandonados, cuartos de lámina y cartón. Alfredo Reyes, de la Filarmónica de la Ciudad de México, conoció las posadas que aquella joven armaba para los niños de la ciudad perdida. Porque alguna vez le dijo: “Ayúdame y trae tu violín para amenizar la fiesta.”

Oía de lejos la marcha de cada 2 de octubre por la matanza de Tlatelolco. La tarde del 10 de junio de 1971, en un balcón de San Cosme, donde su hermana Maricarmen se probaría el vestido de 15 años, atestiguó cómo golpeaban a estudiantes y a una embarazada.

Para los integrantes de aquel grupo, al que se sumó en el tercero y último año el novio de Josefina, Sergio Ocampo, su ahora esposo, hay situaciones inolvidables, como los chacos y las hebillas que los porros tronaban cuando los llevaron a hacer bola a la inauguración de una estatua en Zacatenco y el viaje de despedida a Acapulco. Pina —como le dice su familia y terminaron llamándola sus amigos— quería ser oceanógrafa.

Don Arnulfo la inscribió en el campus Querétaro del Tecnológico de Monterrey. De regreso, sobre la carretera, le sembró la duda: “Le comenté que yo sentía que por sus características, sus cualidades, convenía que estuviera en una profesión en la que tuviese relación con las personas.” Josefina aceptó el consejo. De 1978 a 1982 cursó la carrera de economía en la Universidad Iberoamericana. “Nadie es perfecto”, bromeaba desde entonces.

Priorizaba la escuela

Josefina Vázquez Mota, Pina, como le dice su familia, gustaba de estudiar, “nos empezó a jalar, a no dejar a nadie atrás”, recuerdan sus compañeros de la vocacional.

Estudió la secundaria en la escuela 108 Bertrand Russell, compañeros la recuerdan como una adolescente dedicada a sus tareas, con facilidad de palabra, pero también seria.

Cuando tenía 14 años, su padre la inscribió en una preparatoria privada, sólo para mujeres. Entonces ella se rebeló, no le gustó el colegio y se cambió a la vocacional  9 Juan de Dios Bátiz en la colonia Popotla, donde estaba su hermano.

Entonces organizaba a sus compañeros, iban a su casa a estudiar, evitaba que alguno se estancara en el aprendizaje, si veía que alguien tenía problemas,  le explicaba.

En la zona marginada alrededor de la vocacional,  donde la gente vivía en vagones abandonados,Josefina alfabetizó, y hasta organizó posadas para los niños.

Quiso ser oceanógrafa. Sin embargo,  siguió el consejo de su padre, y de 1978 a1982 cursó la carrera de economía en la Universidad Iberoamericana. 

“Su hermano estaba en la vocacional Juan de Dios Bátiz, la llevó y a ella le gustó y ahí continuó su formación, en el Politécnico.” Arnulfo Vázquez, papá de Josefina.

La adolescencia de los aspirantes

Andrés Manuel López Obrador fue marcado por la lucha estudiantil de 1968. A Enrique Peña Nieto desde joven lo llevaban a las giras proselitistas. Gabriel Quadri de la Torre fue formado por principios católicos y Josefina Vázquez Mota siempre fue una estudiante dedicada.


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