David Delgado: “Megico Maxico”


“México”, además de ser el nombre habitual con el que llamamos a nuestro país, bien podría ser el título de una novela o relato de Franz Kafka. De ser así, sería el trabajo más Kafkiano entre los Kafkianos. Y es que lo que acontece día a día en el país viene a reforzar lo que varias voces dicen de nuestra patria: “México es una nación que raya en el surrealismo”. Así es en estas tierras lo inverosímil se hace verosímil.

Carceles de México = Universidades del Crimen
Carceles de México = Universidades del Crimen

Lo anterior no los viene a confirmar lo sucedido en el Penal de Gómez Palacio, Durango. Donde algunos reos del citado penal, en lugar de sólo purgar sus penas o esperar sus sentencias, hacían labores de sicariato, presuntamente para “Gente Nueva” el brazo armado del Cartel de Sinaloa. Esto con la complacencia y complicidad de la directora del CERESO, Margarita Rojas Rodríguez, y tres custodios.  La PGR atrajo el caso que en sus primeras pesquisas arrojó que dichos reos no sólo habían participado en el asesinato de 17 personas, el pasado 18 de julio en un festejo en Torreón, sino que también podrían estar involucrados en otras ejecuciones perpetradas en la Comarca Lagunera.

Así que en los penales de nuestro país ya no solamente existe la corrupción que todo mundo conoce. Ésa, que va desde los privilegios que el dinero de cada reo pueda pagar, hasta las fugas orquestadas desde adentro, con la complicidad de las autoridades, pasando por lo fácil que es ejecutar a tus rivales dentro del penal si es que tienes el dinero y/o el poder suficiente para hacerlo. No, ahora hay que considerar el valor agregado de las cárceles mexicanas como cuartel y centro de planeación para sicarios.

Si analizamos un poco este hecho, además de arrojarnos la obvia vulnerabilidad del sistema penitenciario mexicano de la cual no se escapa ni el nivel Federal ni Estatal, nos arroja un par de interrogantes:

¿En cuántos CERESOS, e incluso CEFERESOS del país sucede o
ha sucedido lo mismo que en el de Gómez Palacio?

¿Por qué en plena guerra contra el crimen organizado sigue habiendo reos, que entre sus delitos están algunos del fuero federal, además de ser considerados de alta peligrosidad, purgando su condena en penales estatales, algunos de estos penales de mínima seguridad?

Para dichas interrogantes creo tener las respuestas preliminares, más no definitivas, esas se las dejo a ustedes amables lectores.

Mi respuesta para la primer interrogante planteada es por desgracia una sombre de duda, maximizada porque en nuestro país las excepciones se convierten en regla y viceversa, por lo tanto creo que el efecto gomezpalatino se da en más de un penal mexicano. Al tiempo.

La respuesta de la segunda interrogante,  me parece más sencilla, aunque más amplia. Ya que es una más de la demostraciones de la falta de visión global de la pseudoestrategia del gobierno federal en su combate a la delincuencia organizada. No es posible que en dicha guerra no se contemple, o al menos no se haga como se debe, el fortalecimiento y modernización del sistema penitenciaro. Para que las cárceles en México realmente sirvan como persuasión o purga de verdaderos castigos para los delincuentes, y no como universidades o centro de operaciones del crimen, sin mencionar a los que están presos por el hecho de “ser sólo pobres o por no  hacerles conocer sus derechos” (¡Ups!, suena a pleonasmo).

No se trata de convertir las cárceles mexicanas en clones de aquellas cárceles que durante el régimen soviético lograron controlar y maquillar la existencia de la mafia rusa, ya que como es sabido estas cárceles a lo largo de los años sirvieron como embrión y prueba del poder de la mencionada mafia. Ni tampoco de calcar el modelo penitenciaro estadounidense, donde en las cárceles de máxima seguridad se encuentran algunos presos por delitos menores, o la mayor parte de la población penitenciaria proviene de las minorías étnicas de ese país. (No, no es México).

De lo que se trata es de segmentar y hacer una estrategia especial para la reconstrucción del sistema carcelario en México, estrategia que debe vincularse a la del combate al crimen organizado, pero que no responda exclusivamente a la lógica de esta. Empezando por sacar de las cárceles locales a todos aquellos que tengan delitos graves para la justicia federal y mandarlos a los penales federales, claro previa reconfiguración de estos. Después analizarlos por caso y no solo clasificarlos por delito, así se podría perfilar y construir un verdadero sistema de readaptación social, incluyendo en esto a los penales estatales. Mejorar las condiciones de las cárceles, no para hacerlas hoteles de cinco estrellas, pero si para quitarles el aspecto de cloacas que en muchos de los casos solo aumentan el rencor social de muchos de los presos, sobre todo de aquellos que no pueden pagar las comodidades que la corrupción ofrece en las cárceles y que normalmente son los mismos que solo por pobres están en prisión. Aunque para el punto anterior es necesario algo más complejo como lo sería una verdadera Reforma de Justicia, que sin acabar con la impunidad y la injusticia, si logre reducir al mínimo los grados tan escandalosos que tenemos de una y otra situación.

Muchos me dirán que lo que pienso es un sueño guajiro, pero les reitero lo que plantee al principio de esta columna, estamos en el país de lo inverosímil. Y por lo tanto no veo por qué no, algún buen día, el “Megico Maxico” en el que vivimos nos dé la sorpresa y se decida a empezar a cambiar.

Pero por desgracia el sueño tardara en hacerse realidad, si es que se hace.  Porque ya sabemos de la miopía, complacencia, complicidad y corrupción de muchas de nuestras autoridades. Que sólo buscan el beneficio propio, olvidándose casi por completo de la responsabilidad de ser ejecutor del Poder Publico además de que el fuero del que goza la mayoría termina siendo impunidad, aderezada por el desinterés, complacencia o resignación  de nosotros como ciudadanos. Para muestra solo hace falta observar que muchos ni  se acuerdan o ni siquiera saben que existe Oliverio Meza, flamante Secretario de Gobierno de  Durango, quien es el responsable de nombrar a los directores de los penales estatales y a quien estos deben reportar. Ni modo, sigo de sospechosista.

Hasta luego.

David Delgado


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