Cuento: Tinto y Sangre


Tinto y Sangre
Por: Alberto Rangel.

Tinto y Sangre
Tinto y Sangre

Sé que me sientes, que me hueles, que me respiras, que sientes mi mirada y mientras me buscas me escondo, pero yo si te miro y pronto morderé tu piel, tu cuello, tu espalda y la sangre; Que delicia esta cita, en la tina con velas e incienso, mmm que delicioso aroma, tu cuerpo está listo para amar y ese tinto para ser derramado sobre tu cuerpo y después lamido hasta la última gota.

Y lo primero que vería serían tus labios al amanecer,  en un beso, pero no como cualquiera, un beso como pocos y como nadie te lo ha dado y como nadie te lo dará, un beso que se niegue, un beso que suplique, un beso que sueñe, un beso que vuele contigo, uno que caiga y este lleno de lodo.

No un beso que solo sientas, sino que también lo respires y lo veas cuando se esconde, un beso que te mate, un beso que dé frutas, un beso que lance fuego, un beso con humo de cigarro y otro con humo de fogata por las noches que pasamos frente a la hoguera otro donde estemos dentro de esta como brujas, un beso de nieve, un beso de Cuba, un beso de sabanas desacomodadas, uno donde al despertar sepas que no existe, uno con sabor a pasión, con sabor a sangre,  a eternidad, un beso de morgue donde lo único muerto es nuestro pasado , un beso con huella de mano, un beso con lagrimas, un beso con una cita de Jodorowsky donde la montaña sagrada la haces tú, uno de “mengurje” y velas pa’ los egguns, un beso con tinto en tu piel, un beso de hambre por nuestros cuerpos, un beso con sed de nosotros dos.

Un beso, pero no uno como el que tienes todos los días porque ese es común, un beso de guion, un beso de noche, un beso de vainilla y otro de chocolate, un beso de cello otro de violín uno de contrabajo, un beso antes de de dormir, un beso antes de volar, un beso en tu vientre, un beso para tus extremidades, un beso a tu duda antes de lanzarla a los perros, un beso mío, un beso que no diga un “adiós” ni un “hasta pronto” un beso que te regrese a mí.

…¿Quieres surrealismo? Porque yo Quiero las paredes llenas de sangre, la sangre la quiero con pasión, con amor, que sientas eso al ver las huellas de las manos intentando aferrarse a la vida absurda que antes tenía y que no sabía que sería elegida por la libertad, yo soy el libertador aun que sea por cuatro días en persona, se que tienes miedo porque yo también lo tengo, se que deseas ser libre del pasado como yo lo soy o como intento serlo, para dar libertad tienes que ser libre, para ser libre tienes que morir y para morir tienes que vivir, abre la mente, el subconsciente y el consciente déjalo de lado.

Claro que intente el suicidio, para ser libre tienes que tocar fondo, no princesa no lo preguntes, solo debes saber que fue por confiar, por amar, por ilusionarme y no quedarme con algo para levantarme, por casarme en silencio y entregar en metáfora la vida, y ¿sabes que sucedió? Lo logre, dispare a mi cabeza, donde todos los recuerdos vivían aferrados, hay una gran mancha en mi pared para recordar que sucedió, como las cicatrices, para eso son las cicatrices.
También me abrase frente al espejo y las lagrimas quedaron sobre la almohada, mi fiel almohada que guarda tanto, hasta mis sueños y debajo de ellas mis alas blancas y enormes, con las que vuelo sobre arboles, edificios y cadáveres  ¿Quieres volar? No preguntes si la vida tiene sentido…

Un maestro zen le pregunta a su discípulo:

-La espada que todo lo corta, ¿cuando a ti no te corta?


El discípulo sorprendido responde ¿Ah? ¿La espada que todo lo corta? ¡Me corta, maestro!

 

 -¡No! ¿Pero cuando no te corta?

El maestro se pone de pie y se marcha a meditar dejando al discípulo en silencio, pasan 20 años hasta que el maestro le pregunta nuevamente:

 

Querido discípulo, la espada que todo lo corta, ¿Cuándo a ti no te corta?

-¿Ah? ¿La espada que todo lo corta? ¡Me corta!

-¡NO! La espada que todo lo corta ¿Cuándo a ti no te corta?
-…No lo sé, maestro, responde el discípulo


El maestro sabio le responde: Cuando tú eres la espada, es ahí donde la espada no te corta


-¡Claro! –Responde alegre el discípulo- No me corta cuando yo soy la espada
¡¡Yo soy la espada que todo lo corta maestro!!


-… De manera que eres la espada que todo lo corta.

 

-Sí, maestro lo soy, soy esa espada.


– Entonces ¿Qué cortas?

…La vida se vive, no se le busca sentido.

No pierdas el tiempo y volemos.


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