Cuento: -Encuentros- Por: Alberto Rangel


-Encuentros-

En la metáfora eterna del realismo, del encuentro ocasional de tu cuerpo y el mío, solo era importante tu escote, no teníamos idea, como nunca lo hemos tenido ¿De qué dialogar? Eran ya 15 años, teníamos mucho por decir, ¿En la cama? No aún no, antes unos libros, películas, eso sucedería después quizá sólo sería importante un saludo ocasional como ¿qué tal como te va, que has hecho? que gusto me da verte, 15 años ya, mi cabello tenía más canas que cuando la deje de ver, eran 15 años de esperar.

Vestido blanco, un escote como lo imaginé, sus ojos con un pintado delicado, justo como la dejé. Corrió a abrazarme, me besó en la boca y dijo “hola, fueron 15 años” me tomó de la mano y caminamos, le gruñí diciendo que estaba seguro que no llegaría, sonrió y me beso nuevamente, dialogamos de política, de cine, de arte, después dijo que se había casado, tuvo 2 pepillos y que no era feliz porque siempre me tuvo en su mente, me habló de sus viajes y sus amantes, me molestó un poco, finalmente seguía siendo la misma meretriz.

"Encuentros" Foto: Negrowsky
"Encuentros" Foto: Negrowsky

Le invité a cenar, en casa había lo necesario para tener una magnifica noche y ella acepto, argumentando que había dicho que trabajaría y que posiblemente no regresaría a casa, así que compramos un par de tintos chilenos, un escocés, un coñac y puros, la perra ya no era cristiana y además ya fumaba puros, eso me agradó mucho, dijo que se había enterado que el pastor había resultado pedófilo y ultrajo a decenas pepillos y eso fue suficiente para ella, además que la mujer del pastor intento algo con su marido, ella dijo que no paso nada entre su marido y la mujer del pastor, pero por su cara sé que si sucedió.

Llegamos a casa, bebimos un par de tragos mientras escuchábamos a Compay Segundo, bailamos, dijo que en un viaje a Cuba aprendió a bailar para presumir cuando nos viéramos. Ya eran las 11 de la noche, cuando comenzamos a preparar la comida, pasta, carne asada, chimichurri y tinto, me disculpé por la carne, pues era muy delgada y tenía mucho pellejo, le dije que la carne tenía nombre y que se llamaba Diego, sonrió y me llamó mentiroso, le respondí con una leve sonrisa, encendí velas e incienso me acerqué a ella, le tomé por los hombros sin que ella se pusiera de pie y le dije que la había extrañado, ella sonrió e hizo un sonido dulce, la jalé del cabello y la besé mientras mis manos hurgaban bajo su escote y levantaban su falda, le arranqué la ropa interior y tuvimos un encuentro sexual poco común, sin quitar del todo su ropa…

Le dije que la amaba, que le extrañe, que había pensado en ella, sonrió irónica, así que le recordé que haría arte con ella y que la liberaría, que había esperado 15 años para hacerlo, me dirigí a mi estudio, aseguró que pensó que iría por mi cámara o algún lienzo por su expresión y alegría, sí, fui por mi cámara y por Grethel, a mi regreso ya había servido un poco de whisky, vio mi cámara y después a Grethel, le dije Grethel es un juguete, es un dios como yo Caín, es la verdad y la mentira, es la realidad y los sueños, es la vida y la muerte, ella me ha dado las piernas torneadas que sostienen la mesa donde deshonro la moral, la realidad, es donde todos se liberan, donde muestran la verdad de su jodido interior, donde todos descansan para ser una mueca de alegría a esta alma seca y provocar un poco de placer a este costal de huesos putrefactos, pocas, muy pocas sobreviven de tan magnífico placer.

Dime amor, ¿crees en dios? dijo que sí, pues Caín es un dios, es humano e inhumano, él da el placer de la muerte o de la vida, da el orgasmo de la sangre, el otorga el perdón dentro de algunos sacos, el placer de un arte abstracto, le sonreí y dije hagamos arte, caminé hacia el estéreo, puse mi disco favorito de Mozart, a mi regreso ella estaba preparando una línea de cocaína, me invitó y yo me negué, sonrió y me chillo diciendo que seguía siendo el mismo aburrido de siempre, me preguntó qué haríamos, arte respondí, le ordené que se sentara y amenace con amarrarla, eso a ella la estimulaba, la sujete a la mesa y abrí de par en par a Grethel y deje que mirará los juguetes de Caín, lo hice mientras ella gemía un “te extrañe estos 15 años” mordí su cuello y acaricié uno de sus senos, ella gimió nuevamente, chillé un basta perra, ella reía excitada hasta que le mostré a Grethel; un cuchillo con el filo de un bisturí y corte ligeramente su pecho, mordí su pezón izquierdo hasta que lo arranque, ella seguía riendo como estúpida, corte sus manos y comenzó a gritar de dolor entonces ya era divertido para mí y así continúe con sus extremidades, mientras yo decía “también te amo princesa, también te amo” comenzó a respirar lento, sabía que estaba muriendo, le dije que no había mejor placer que el de beber su sangre y que si de algo le servía la colocaría en mi meza para mis amigos, que su puño izquierdo lo pondría junto al los ojos de Jaroch en el anaquel donde estaba el corazón de Jesús , sonreí  y le dije que haría una fantástica fiesta sexual con sus vísceras y que su corazón lo comería en crudo para no olvidarme de ella, me miro espantada y cerró los ojos, le grité no mueras perra, tu corazón debe estar latiendo para que lo coma, golpeé varias veces su pecho para que continuara latiendo, limpié mis ojos por que la sangre había saltado por todos lados, la comencé a partir rápidamente hasta que llegue al pezón izquierdo, hasta encontrar su pequeño corazón y comerlo y así lo hice, la perra me sonrío cuando mordía el ápex.

He partido su cuerpo, su cabeza la envié a su casa, pensé que sería una linda sorpresa para su esposo y sus hijos, sus piernas las envié a sus padres, su mano derecha la mande a su iglesia, sus vísceras las colgué en mi cuarto de lavado, para algo me han de servir , el seno que quedo lo guardaré es un magnifico trofeo, Jaroch hubiera estado orgulloso de mi y hubiéramos disfrutado como tantas ocasiones la sangre de esta feliz mujer, mientras pensábamos a quien más comer, Jesús hubiera vomitado y Diego, Diego no hubiera hecho nada, quizá comería un poco.

Ah! estas cicatrices me hacen recordar que el pasado existe mi pequeña Frida, que nunca se va a borrar la mordida que dejaste en mi muñeca derecha, nunca. Recuerda que los sueños son deseos escondidos.

Ahora pienso a quien invitar para cenar, creo saber quién será mi próxima invitada.


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