Cuento: “En tu ausencia”


En tu ausencia
En tu ausencia

No había nada que hacer, ya era tarde. Ella salió de viaje, así que no era necesario estar frente al monitor esperando que apareciera, aunque no por eso la deje de pensar, creo que la pensé aun más que otros días, inquietante dije, parece que Caín cedería un poco esta noche, quizá no coma a nadie.

Salí a caminar y me detuve para prender un cigarro, en ese momento me di cuenta que Caín no se quedó en casa buscando en la nevera algún glúteo, una mejilla o una mano para platicarle de la antimateria, nada, en realidad no era nada lo que aparecía frente a mis ojos, solo una mujer pequeña de estatura ¿estaría en ese lugar la pasión? Quizá en los huesos de las manos, entre los dientes, en el cuello, dentro de los oídos, en el pecho, en el corazón; estoy completamente seguro que no está, solo es una bola de músculos y tiene mucha sangre, mmm detuve el pensamiento después de ser distraído por imaginar su sangre en mi cuerpo,

¡Maldición!

Ese carmín recorriéndome, los gritos que podría alcanzar al arrancar sus pezones a mordidas o al hundir mis dedos en su vientre, nada de cuchillos, eso no me gusta, para pocas personas eh dejado los sórdidos cuchillos, es mejor con los dedos, siempre me ha gustado comer ese tipo de carne con los dedos, me refiero a que si el cuerpo liberó su alma para darme de comer y sobre todo seguir con la búsqueda de la pasión tangible, lo menos que podía hacer es tener el contacto físico de comerle así, sin necesidad de utilizar algo más que no fuera mi propio cuerpo, de arrancar sus manos a constantes jalones o destrozar su cabeza con los puños, arrancar su cabello intentando sacar los recuerdos.

Comer el cerebro no es algo que me guste mucho, aunque a la vinagreta no sabe nada mal … Da igual, no quería en esta ocasión probar su cerebro, que piernas dije, mmm quizá Justine pueda hacer algo sabroso con un trozo de ellas, apague mi cigarro y me acerque lo suficiente como para que me notara y para que yo le dijera;

-Hola, ¿cómo te llamas?

Ella sonrió y dijo

-Hola, Vale, Valentina.

De manera estúpida, como cualquier persona plástica, que maldición, le pregunte ¿te gusta el whiskey? inmediatamente dijo no.

-Pues desde este momento te llamaras “estúpida mujer de plástico”

Y antes de que hiciera cualquier otra cosa golpee con fuerza su rostro con una revista literaria que había hecho rollo para el apenas domesticado uso, nunca me había servido tanto la cultura manipulada por los medios como hasta ese momento, en que casi destrozo satisfactoriamente su nariz.

¡Oh! que delicia sentir a través de la cultura el golpe del placer, ya entiendo la clase de “Competencias lingüísticas”, creí por un momento que la clase se dirigía a los contados acólitos, en realidad no, era para todos, pues era eso, justo eso… ”La Seducción De Las Palabras”


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