Bosnia en peligro de desintegración


Bosnia.- Las protestas antigubernamentales en Bosnia y Herzegovina van perdiendo intensidad. En Sarajevo, fueron puestos en libertad todos los manifestantes anteriormente detenidos a exigencia de la oposición.

La población está descontenta con la política económica del Gobierno y el cierre de empresas públicas con despidos masivos.

Los disturbios abarcan muchas grandes ciudades. Trescientas cuarenta y ocho personas resultaron víctimas de enfrentamientos callejeros en los últimos cinco días, la mitad de ellas agentes de policía. Los actuales enfrentamientos en Bosnia y Herzegovina son los más graves desde la guerra de 1992-1995. ¿Quién está detrás de esta protesta y cuáles pueden ser sus consecuencias? El investigador jefe del Instituto de Estudios Eslavos de la Academia de Ciencias de Rusia, Piotr Iskendérov, indica:

—No preguntemos por las causas de la protesta, sino por qué los disturbios ocurren ahora. Bosnia está entre los tres países europeos más rezagados económicamente, junto con Albania y Moldavia. Por toda una serie de razones, su situación política es aún peor. En Albania, hay un sistema de frenos y contrapesos. Dos diferentes partidos, el socialista y el democrático, se alternan el poder. En Moldavia, hay cierto nivel de consenso entre las élites gobernantes para aplicar una política socioeconómica bastante clara y coherente. En Bosnia y Herzegovina, no hay nada de eso. Al revés, hay una división interna de la cúspide. El factor más peligroso es el islamismo radical. Hay una grave herencia de roces interétnicos y religioso. Es cierto que el conflicto aún tiene carácter socioeconómico, porque los manifestantes se oponen al desempleo y la corrupción y exigen aumentos salariales y la destitución de funcionarios, ministros y administradores regionales. Pero en Bosnia estas protestas pueden transformarse en acciones políticas, étnicas y religiosas. Sin duda, hay fuerzas externas que tratan de aprovechar la coyuntura para desatar conflagraciones no solo en allí, sino en los Balcanes en su conjunto.

—¿Estos disturbios pueden alargarse hasta el infinito?

—En los últimos años, la situación en Bosnia estaba a punto de explotar, pero las fuerzas políticas lograban controlarla. En la República Srpska, la Unión Socialdemócrata de Milorad Dodik. Y en la federación musulmana croata, los nacionalistas musulmanes moderados. Pero la crisis socioeconómica en Bosnia y la Unión Europea debilitó las posiciones de Milorad Dodik y los moderados líderes musulmanes. Fuerzas más radicales tratan de irrumpir en el escenario político. Las protestas continuarán a pesar de las concesiones que el Gobierno ya ha hecho al destituir la jefatura de varias ciudades, entre ellas, Sarajevo. Van a tomar diferentes formas, y en algún momento la situación puede llevar al desmantelamiento del modelo vigente de Bosnia, para hacerlo más centralizado, eliminando la República Srpska, o al revés, comenzará la desintegración. En tal caso, Bosnia y Herzegovina se convertiría en una confederación aún más amorfa y, finalmente, podría dejar de existir como Estado independiente.

—¿Hasta dónde puede llegar el fraccionamiento de la antigua Yugoslavia?

—No se trata del fraccionamiento de Yugoslavia, sino de qué partes de Bosnia pueden incorporarse a estados vecinos. Los bosnios y croatas hablan abiertamente de su deseo de vivir en Croacia, sobre todo ahora que ese país forma parte de la Unión Europea. Los serbio-bosnios, en cambio, tienden a unirse a su patria histórica. Quedaría un enclave musulmán con Sarajevo como capital, un cuasi Estado musulmán similar a Kosovo subvencionado por la UE que planea incorporarla junto con Serbia. El desarrollo de los sucesos puede llevar a la creación de un enclave musulmán aún más peligroso que Kosovo, porque el poder en el mismo estaría en manos de islamistas radicales financiados y apoyados por países islámicos incluso más activamente que Kosovo.

—¿Lo que ocurre ahora en Bosnia y Herzegovina tiene sus orígenes en los sucesos de principios de los años noventa?

—Esta situación tiene sus raíces en la segunda mitad de los años noventa, cuando se fundó la Bosnia actual. La comunidad internacional tenía todas las posibilidades del mundo para convertir a Bosnia en un Estado emergente, económicamente viable, pero desaprovechó el momento. Los funcionarios que se sucedían en los altos cargos internacionales se desgastaban por combatir el nacionalismo serbio y abolir leyes inadecuadas, desatendiendo la creación de un espacio real económico, social y político en toda Bosnia y Herzegovina. En ese país no funcionan los frenos y contrapesos similares a los de Albania, porque la maraña de contradicciones es mucho más complicada. En vez de crear una economía realmente funcional y un sistema político viable, la comunidad internacional tiene que estar apagando los focos de conflicto entre islamistas radicales y moderados y entre croatas separatistas y estatistas. Por algo fue que se demoró tanto la convocatoria de las recientes elecciones de 2010 en Bosnia y más aún la formación del Gobierno a raíz de las mismas. Lo de hoy es una consecuencia directa de aquellos sucesos.

Fuente: La Voz de Rusia


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